Sex Bristols
Recuerdo aquella noche en la discoteca punk Sex Bristols. Este antro se encontraba en uno de los callejones de las Siete Revueltas, en el centro de Sevilla. Su estructura laberíntica y escasa luz apenas dejaba lugares donde se pudiera distinguir la silueta de los parroquianos. Gentes de tribus urbanas ataviadas con chaquetas de cuero impregnadas de mugre y con botas Martens de punteras de metal. Cuerpos ensartados con alfileres, tornillos y otros objetos de metal taladrando narices o cualquier otra prominencia del cuerpo.
La noche estaba ya entrada en decibelios. En la pista central, las crestas se perfilaban en el reflejo de los proyectores de luz y las luces estroboscópicas. Como maestro de ceremonias: Dj Bartol. Un tema de Exploited enfurece a la concurrencia que pega saltos en infinitas direcciones como las palomitas cuando comienzan a explotar. El sudor perenne en cuerpos de rara higiene se transformaba en un vapor nauseabundo que inundaba toda la sala.
Serían las 12 de la noche cuando la música se paró. La gente comenzó a mirarse con los ojos desencajados fruto de las ingestas sin fin. La expectativa fue in crescendo. De repente, las luces blancas que normalmente se usan para anunciar el cierre de las discotecas se encendieron y todo el recinto quedó totalmente iluminado.
A continuación, comenzaron a sonar los primeros rasgeos de lo que parecían ser guitarras españolas: Los Romeros de la Puebla. La pista entonces fue ocupada por personas cuyo origen todos parecían desconocer. En menos de un minuto, todas aquellas personas comenzaron a bailar sevillanas. Indignado, me fui a buscar a alguien responsable de la discoteca. El gerente, un señor alto y con un tatuaje de Ana Torroja en el antebrazo izquierdo me atendió con amabilidad. Eran las nuevas normas del ayuntamiento, me explicaba: en esa discoteca se tenía que pinchar un cupo de música flamenca además de música punk. Por aquello de la normalización musical del flamenco. Yo entonces le contesté que se confundía, que las sevillanas no eran lo mismo que el flamenco. Los Romeros de la Puebla y el Camarón. Que las letras de las sevillanas eran más comerciales mientras que las del flamenco eran la esencia de la sabiduría de la vida. El gerente me escuchaba con atención dar razones sobre el destino, el desamor y los puñales en el corazón de los que hablaban las coplas de toda la vida. Entonces, me respondió que él iba a unas clases de yoga y que eso le estaba cambiando su existencia. Que ya se veía como otra persona. Que los cursos los pagaba por meses y que salían muy bien de precio. Que tenía un tarjeta de fidelidad que su profesora le sellaba con un tampón impregnado de tinta traída del Tibet y bendecida por el Dalai Lama. Que con diez sellos ganaba una infusión o un té de una extensa (y casi siempre incompleta) carta de 4 o 5.
Me contaba sus progresos espirituales. Que muchas veces ayudaba a las viejas a cruzar los semáforos mientras esperaban. Que metía las bolsitas de las patatas fritas en el contenedor correcto y que daba los buenos días siempre aunque fuera por la noche. En esto, Dj Bartol volvió a poner una canción de Exploited y los punk volvieron a retomar sus posiciones saltando en todas direcciones. Las personas que habían invadido antes la pista vestidas como para ir al Rocío se fueron todas corriendo al servicio donde se volvieron a cambiar los trajes de flamenca por las Martens de punta metálica y las chaquetas de cuero e imperdibles.
Alguien tiene que decirlo: la discoteca punk Sex Bristols había sido única en la ciudad y gracias a esa campaña de normalización flamenca, a partir de entonces, comenzó a ser muy frecuentada por gente muy rara. Ahora iban flamencos. De esos que van con blusas rojas de lunares negros y trajes de lentejuelas doradas. Aspirantes a folclóricas, con el rostro de Lola Flores tatuado en los empeines y en otras partes de la geografía corporal. O políticos de la Junta de Andalucía. Y siempre el mismo rito: horas de The Exploited, Escorbutos, La polla Records, etc. se alternaban con el Fari, con el Camarón o con sevillanas de los Romeros de la Puebla. Yo, dejé de ir a ese lugar, porque siempre he sido muy puro para la música. Lo peor fue cuando comenzaron a introducir música rociera que atrajo a tamborileros llegados de Ayamonte y a los miembros del coro rociero de la Hermandad del Rocío de Triana. Demasiado mestizaje para mí gusto.
Mario tu historia es un hermoso mesaje espiritual 👏
ResponderEliminarMuchas gracias, Myna :)
EliminarHola Mario se viaje a traves kyoto_love .... Sex Bristols Bravo Mario para tu escritura
ResponderEliminarGracias para compartir con nosotros la entrada de la Semana. Farid
Muchas gracías a ti, Farid :)
EliminarEn línea ascendente muy bueno Feliciano perez
ResponderEliminarGracias papá :)
EliminarQue bueno... Podría ser cualquier sueño de cualquier noche... Un abrazo.
ResponderEliminarGracias mil, Dani :)!
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