Libre

Sevilla. Diez de la noche. En el edificio Hermes, además del luminoso de Viajes Sur en la entrada del bloque, solo se ve una luz encendida a la altura de la segunda planta. En esta oficina, delimitada por cierres de aluminio, suena Noelia de Nino Bravo. A Pedro le relaja la música de fondo. Sobre todo, en esta noche de nervios en la que da los últimos retoques a la oferta que va a presentarse mañana. En juego, una licitación pública de más de dos millones de euros. Nada puede fallar. Han sido muchos meses de trabajo duro y Pedro no se imagina estar en otra parte en este momento. Ni siquiera viendo la final de su equipo del alma este 10 de mayo de 2006. Pedro es así, un tipo de empresa. De esos que no piden aumento de sueldo no vaya a ser que se disparen los gastos de la oficina. Que no cuestionan las decisiones de sus superiores. De esos que sienten repugnancia por las tretas de los compañeros para ascender y que, al mismo tiempo, son incapaces de cuestionarlas dondequiera que sea. «El trabajo ante todo, lealtad al equipo», le había enseñado su padre. «Y sumisión y asco hacia los demás, también», había pensado para él mismo más de una vez.

De repente, Máximo, del departamento comercial, entra en la oficina.

—Pedro, tienes que descansar. Mañana es el día ¿no? —le dice Máximo, con esa dulzura que le suele definir de querer venderte siempre el mejor coche del concesionario.

Pedro parece no escuchar.

—¿Y tú, te pierdes también el partido? —contesta Pedro sin levantar la cabeza del ordenador.

—A mí el fútbol me importa un pito. Además, sabía que estabas aquí. Te conozco. Anda, ve a tomar el aire que te hago un café. —Máximo comienza a sacar de un armario una caja con sobres de café y azúcar que coloca sobre una mesa.

—Bueno —dice Pedro mientras que se levanta con desgana de su escritorio—, salgo al servicio y también a echar un cigarro… Creo que sí, que me va a sentar bien ese café. Gracias Máximo. Ahora vengo —continúa Pedro, mientras que su vista se resiste aún a dejar atrás la pantalla del ordenador.

Máximo pone la hervidora. El ruido de la ebullición del agua alterna con la música de Nino Bravo cuyo volumen ha subido. Ahora suena Libre. «La habrá puesto fuerte para que me entere desde la terraza» —piensa Pedro mientras cruza la puerta del cuarto de baño.

La noche pasó. Para Pedro, llegó el gran día. Se entregó la documentación en tiempo y forma. Nada entonces hacía presagiar el varapalo que iba a suponer la derrota de la oferta preparada por el equipo de Pedro frente a la de su competencia. «No puede ser —se machacaba Pedro desolado—, estaba todo tan preparado. Cómo han podido presentar mejores condiciones. Es imposible».

Transcurrieron algunos días y Pedro no podía conciliar el sueño. Aquella oferta era tan importante para todos. ¡Con la de familias que dependían de su trabajo! Les había fallado a todos: al equipo, los compañeros. Sentía tanta vergüenza que apenas le llegaba el ánimo para salir de la oficina. «Hay que saber retirarse», se repetía. El 30 de mayo, presentó la dimisión, renunciando a todos sus derechos en Viajes Sur.

Encontrar otro trabajo no fue complicado. Las empresas del sector conocían su profesionalidad y sentido de la lealtad por lo que no tardó mucho en incorporarse a un nuevo empleo. Poco a poco, gracias a la nueva rutina, fue dejando atrás el amargor de la derrota. «De todo se aprende», se repetía una y otra vez. Por otra parte, comenzó a fraguar nuevas amistades en su nueva empresa. La de Diego, entre ellas, al que le emparentaba el amor por su Sevilla y un gusto compartido por el aeromodelismo.

También les unía el sinsabor de la derrota, ya que Diego había salido, como él, recientemente, por la puerta de atrás de otra empresa importante: Proyectos Crisol. «Que asco me daban», repetía su nuevo compañero. Proyectos Crisol, precisamente, la empresa que había ganado contra todo pronóstico a la oferta de Pedro.

Cierto día, y a pesar de que le avergonzaba hablar de su antiguo trabajo, Pedro se aventuró a contarle a Diego detalles de sus últimos días en Viajes Sur. De la última noche en vela, dando retoques a una oferta inigualable, para él y todo su equipo. Del triste recuerdo de la final de fútbol no vista.

—¿Sabes? Yo ese día también me quedé hasta tarde en la oficina —dijo Diego.

Pedro lo escuchaba con total atención.

—Mira, Pedro, no te lo quería decir, porque lo pasado, pasado está. También, por lo poco que te conozco, no te quiero joder... El caso es que esa noche alguien llamó a la oficina dando una información muy importante para la misma oferta en la que tú trabajabas. Que gracias a ese soplo pudimos montar una oferta mucho mejor… Me enteré por un bocazas que soltó varias veces: «Al chivato le gusta Nino Bravo, hay que joderse, el Watergate con Libre a toda pastilla», mientras se reía sin parar. Yo, la verdad, es que entonces solo quería pirarme de ese nido de cabrones y solo tenía en mente llegar a casa para ver un poco del partido.

Pedro quedó enmudecido y apenas acertó a musitar algunas palabras.

—¡Hijo de puta! ¡Qué amabilidad la del cabrón con el puto café!— exclamó Pedro.

Unos días más tarde de esta conversación con Diego, están Pedro y su exjefe de Viajes Sur, Rafael Azcona, en el restaurante Barrameda. Pedro y él se conocían desde hacía más de 10 años. Rafael Azcona estaba al corriente de las sospechas de Pedro y había aceptado, una semana antes, recibir, con copia oculta, el correo que Pedro, sin identificarse, le iba a enviar a Máximo, desde una dirección falsa de Proyectos Crisol:

“Máximo, contacto contigo de parte de quien ya sabes. Tenemos más planes que te van a interesar mucho. Te espero mañana en el restaurante Barrameda a las 20hrs.”

Instantes más tarde, entra Máximo por la puerta. Estupefacto, se da cuenta de la presencia de su jefe, Rafael Azcona, y de Pedro, su antiguo compañero.

A Pedro le tiemblan las piernas y se despide con voz entrecortada de Rafael Azcona. Con cara de asco, enfila la puerta. Apenas le apetece sostener la mirada de Máximo cuando cruza por su lado para abandonar el restaurante: «Ahí tienes a Rafael, artista, está deseando escucharte».

Comentarios

  1. Me encantan los relatos cortos. Pobre Pedro! Nuestros principios a veces no nos dejan ver las verdaderas intenciones de los otros. Un gusto leerte

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    1. Muchísimas gracias por tus comentarios . Que tengas un buen sábado :)

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  2. Líbrame de los mansos... Un Abrazo querido Mario.

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  3. Muchas gracias Mario, acabo de leer tu segunda historia. A veces el trabajo nos impide dedicamos a nuestras passionnés, el mundo d'el trabajo es cruel. En dos mil seis Italia gano la Copa d'El mundo para mi grand alegria 🙂. Este anos sin Italia es muy triste 😪. Tu historia es muy realista. 👏👏😇 Te doy un beso amistoso

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    1. Muchísimas gracias por tus comentarios, querida Myna :)

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  4. Qué MARAVILLA de relato. Me enganchó desde la primera línea. ¡Gracias!

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