It Don't Mean a Thing
¡Quién me iba a decir que acabaría usando el bate para esto!... Eso podría estar pensando Nicola de Luca, en su apartamento de la calle 183 del Bronx, mientras sujetaba el bate (firmado por el gran jugador de los Yankees Little Bill), el cual acababa de utilizar. En lugar de para batear una bola redonda —de las que tanto gustaban a su ídolo de la infancia de los Yankees, Bill Dickey— para asestar un golpe certero al hombre que yacía en el suelo. Persona de cuya cabeza surgía un hilo de sangre oscura y densa.
Hacía una semana. Entonces realizaba su ruta en Skaneateles, una hermosa ciudad al norte de Nueva York. Ni la fuerza del viento que desplazaba la lluvia en horizontal, para azotar los cuerpos —por lo que no había mucha gente por la calle—, habían hecho desistir a Nicola en su trabajo. Bien es cierto, que pocas eran las esperanzas de vender ninguna enciclopedia. Aun así, Nicola sabía que es importante no arrojar la toalla y persistir para triunfar en ese país con música de “negros” —según sus primos, que reían como idiotas el día que Nicola compró su giradiscos y sus primeros discos de jazz— que había visto llegar a su familia, con apenas dos maletas maltrechas, 30 años antes.
Nicola se había demorado en una casa —como tantas otras— elevada casi un metro a cuyo porche de madera blanca se accedía por una pequeña escalera de tres peldaños. Refugiado del temporal, esperaba a que abrieran la puerta mientras caía una lluvia intensa. La elegancia de su traje gris marengo apenas podía disimular las suelas desgastadas de sus zapatos Tornicelli, comprados en la zapatería que regentaban sus tíos en la avenida Burnside del Bronx. En un momento dado, el aburrimiento le hizo dirigir la cabeza hacia el interior de este domicilio. Entre las cortinas blancas pudo distinguir en el interior la imagen de un hombre que arrastraba un cuerpo sacándolo de su campo de visión. El tremendo sonido de un trueno hizo levantar la cabeza de este tipo haciendo contacto visual con Nicola. Nicola no se lo pensó dos veces antes de echar a correr. En menos de cinco segundos estaba dentro de su Ford 1951 burdeos cuyo acelerador apretó a fondo para girar por la primera calle a la derecha.
En un momento dado, vio salir al hombre de la casa. Respiró aliviado sabiendo que la matrícula estaba rota desde hacía unos días y no la había podido reparar. Con la adrenalina generada por la situación, sonrió al pensar cómo él mismo había fantaseado en aprovechar tal situación como forma de esquivar, en la huida, a un marido celoso que le hubiera descubierto en plena acción con una de sus clientas. Todo en su mente había pasado igual que ahora salvo que la persona que lo perseguía no era un marido celoso sino un criminal que podría haberle puesto verdaderamente en peligro.
Los días pasaron. Nicola ni se planteó la posibilidad de acudir a la policía. Él sabía cómo se las gastaban con los que hablaban con su acento de Pepperoni y se apellidaban con nombre de pizza. «Mejor pasar desapercibido» como había repetido su padre. No buscarse problemas. Sin embargo, una y otra vez, reconstruía, en su mente, la escena, la situación, la escapatoria, la imposibilidad de que el tipo hubiera podido saber algo de él. Había miles de coches como el suyo... Dos días más tarde, encontró la fuerza necesaria para retomar el trabajo. Fue a por su maletín. Su cartera. Las tarjetas. «¡Las tarjetas! ¡Me cago en la puta!» No aparecía la cajita de plata pequeña con forma rectangular que su padre le había regalado con sus iniciales impresas donde guardaba sus tarjetas de visita. ¡No es posible! En su repaso mental de la situación pensó en el momento en el que sacó las llaves del coche en la huida… ¿Se caería ahí? Un sudor frío le recorrió el cuerpo. «No es posible —se decía—, se me habría caído en otra parte. En el bar de por la mañana…». Para qué engañarse, en su interior, estaba seguro del lugar exacto donde se habían extraviado: la huida… Solo cabía esperar que la cajita la hubiera encontrado otra persona.
Transcurrían los días. Nicola intentaba no pensar mucho en el tema. Hacía su rutina normal. Por las tardes, intentaba regresar a casa lo más tarde posible. También el fin de semana. Parecía que la tempestad había pasado. ¿Quién querría buscarle? Lo mismo no vio lo que creyó ver. Lo mismo no pasó nada grave. Mejor no meterse en líos, en cualquier caso, al final no tienes nada que ganar. Ese lunes llegó a su casa sobre las seis de la tarde. El día había sido bueno con la venta de una Enciclopedia británica y un Atlas en versión de lujo. Sentado en la mesa de la cocina —tras pinchar un disco de Lionel Hampton, se echó una copa de Jack Daniel´s y encendió un Winston. Ensimismado en sus pensamientos, apenas pudo dar crédito al sonido del timbre. ¿Quién puede ser? Se dirigió a la puerta e instintivamente cogió el bate de beisbol que adornaba su salón colgado bajo la foto de su ídolo de infancia Bill Dickey. Tras la mirilla, distinguió a un tipo alto, vestido con gabardina gris, con una mano metida en el bolsillo, cuya identidad intuyó de inmediato: «¡Es él!» Determinado, abrió la puerta mientras ocultaba el objeto bajo el brazo oculto detrás de la puerta.
— Buenas tardes, quería hablarle de… — Nicola no lo dejó terminar.
— Pase, pase —le decía mientras le señalaba con la cabeza hacia el interior del apartamento.
El tipo adelantó dos pasos dando las gracias De inmediato le cayó un golpe seco en la cabeza que lo derribó. Nicola, comenzó a escrutarlo: su traje, su sombrero, sus zapatos —como los suyos, gastados— Tornicelli. Asimismo, se percató de la mano que guardaba dentro del bolsillo de la gabardina. Al sacársela, pudo observar la caja metálica que sostenía levemente con las tarjetas con su nombre que había perdido. También en ese bolsillo, había otra caja similar con tarjetas de visita rosa: Jack Henrry. Vendedor de seguros. En unos segundos, el hombre que yacía en el suelo comenzó a balbucear algunas palabras que apenas se distinguían por la música de fondo —It Don't Mean a Thing—: «Solo quería devolvérsela».
Gran trabajo te felicito Pérez Domínguez
ResponderEliminarMuchas gracias :)
EliminarMario tu historia cautivadora y muy bien escrita, clara y detallada 👋 y estas haciendo un trabajo maravilloso cada semana
ResponderEliminarMuchas gracias, Myna :)
EliminarMuy bueno Mario👌😘
ResponderEliminarMuchas gracias, Dani :)
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