Don Antonio
En el firme de la Iglesia de San Renato yace cadáver, orientado hacia el altar mayor, el cuerpo de una mujer de apenas 40 años. Rodea su mejilla izquierda, apoyada en el suelo, una aureola de sangre. De pie, a su derecha, observando el rostro sin vida, se encuentra un hombre de estatura media, delgado y cabellos lisos ataviado con una sotana negra.
Este hombre, sin dejar de mirar a la mujer que tiene a sus pies, alterna gritos fuertes con comentarios más sosegados. Los brazos los agita al aire de vez en cuando en un movimiento desordenado. En una mano lleva un crucifijo de bronce impregnado de sangre. En la otra, una daga con diamantes incrustados y una hoja de unos 15 centímetros.
— ¿Qué? ¿Tenías que restregármelo? ¿No?... Ya no te acuerdas de la primera vez. Que si te sentías muy mal. Que qué podías hacer. Mira que te dije que tenías que pensártelo mejor, que tenías que arreglarte con Él, que Él no te iba a fallar. ¡Y ahora qué! ¿Qué te crees, que yo no tengo tentaciones?... Y te lo digo aquí, delante de Él… ¡Para eso está la disciplina!... ¡El autocontrol! ¡Qué sabrás tú de eso!…
» Pues mira, ahora que sacas el tema…, ¡no te lo quise decir!, el vestido que traías ese día que apareciste lloriqueando ponía cachondo a un muerto. ¡Ahí, enseñando las rodillas!, ¡los muslos!, ¡que todo el mundo se te quede mirando! Y tú ahí, contándome tus sucios pensamientos. A mí, como si yo no fuera de carne y hueso. Así sois las que son como tú. ¡Solo pensando en vosotras¡ ¿Qué te creías, que era de piedra?...
» Y te digo otra cosa, al final te estoy haciendo un favor, a ti y a esa criatura que llevas dentro que no se merece una pecadora como tú. En el pecado está la penitencia. Pues vale, pero un escarmiento tampoco viene nada mal. A ver quién me dice que un hijo se merece a alguien como tú. ¿No decías que sufrías?... ¡Pues así te quitas el sufrimiento! ¡Qué me dices!
»Mírate, cómo eres que hasta hoy has venido a verme con estas bragas de putona. ¡Ni siquiera hoy estás decente! Después que no te coja de sorpresa a dónde vas. Qué te crees, ¿que Él perdona así como así?… Que sí, que sí que perdona, pero a mujeres como tú me parecería extraño que le abriera las puertas de par en par. ¡Con lo que fue tu madre! ¡Esa sí que era piadosa!...
»Y después los roces y las insinuaciones, que si me queda bien este peinado, que si voy elegante… ¡Hay que ser cínica!
De repente, se abre una de las puertas de la entrada principal. El tipo con la sotana negra se calla. Entran varios policías, un par de ellos van vestidos de civiles.
— ¡No te muevas! ¡Tíralo todo al suelo! —le grita uno de los agentes uniformados mientras que le apunta con su arma reglamentaria.
El tipo cumple, con gestos decididos, las indicaciones que recibe sin oponer resistencia alguna a su detención y deja caer serenamente al suelo, tras flexionar ligeramente sus rodillas, uno a uno, los objetos que portaba.
— ¿Dónde está don Antonio? —pregunta, en voz alta, uno de los policías de paisano.
El tipo con la sotana gira la cabeza hacía su izquierda, señalando con la vista la puerta de la sacristía.
—Por ahí anda…
El agente se dirige a la puerta para abrirla. Ante sus ojos se sitúa, maniatado en el suelo, otro sacerdote, delgado y moreno, con los pelos muy cortos. Tiene los pantalones y su ropa interior bajados a la altura de las rodillas. De su pene seccionado ha brotado mucha sangre. Junto a su cabeza, tirados por el suelo, hay también material del que usan los dentistas para mantener la boca abierta de los pacientes, además de unas pinzas manchadas de sangre que aún sujetan un trozo de lengua seccionada.
El policía, sin traspasar la puerta, observa inmóvil la escena. Detrás de él, el detenido ya esposado, comienza a hablar.
—Ese no está ahora para dar explicaciones. Se le habrán quitado las ganas de ir como un perro detrás de las feligresas. Que el señor los perdone… a él y a esta enviada de Satán —dice mientras gira la cabeza al cadáver de la mujer— que nos ha puesto a prueba a mí y a ese pervertido de don Antonio…
Excelente trabajo
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EliminarMuchas gracias, Mercedes :)!
EliminarOtro gran relato👌😘😘
ResponderEliminarMuchas gracias, Dani :)!
EliminarTu historia me da escalofrios. Buen humor negro 👏👏
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