Batman (Capítulo X)
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Estaba Joe en la habitación del hospital, sentado en una butaca, al lado de la cama. Se acercó una enfermera para entregarle una carta. La recogió y abrió con mucha ilusión cuando comprobó que se trataba de una misiva de Juanlu:
Querido Joe,
Espero que estés bien. Me han dicho Martina y Jorge que estuvieron el otro día por allí a verte. Que te queda poco para que te den el alta. También me han contado lo del reparto de fliers para tu fiesta de reapertura. ¡Qué pasada! ¿Es verdad que viene Pedro Almodóvar? ¡Cómo te lo montas!
Yo ando bien, pero muy liado, por eso no me he pasado por allí con los chicos. Pero sé de ti y me alegra que te recuperes. Mira, como te prometí, te mando una de las historias que escribo. Yo me digo que son tonterías, pero como tú me insististe pues me he dicho que por qué no enviarte una. Es un poco tonta pero espero que te haga reír un poco. Aquí, en el barrio, la vida es más triste sin ti, y ese ajetreo que nos has traído por aquí. Las señoras también creo que te echan mucho de menos pero saben que pronto vas a volver.
Espero que no te molesten más. La gente creo que se ha quedado muy cortada con lo de la agresión pero de todas formas no me fío un pelo. Yo sé que tú eres fuerte y contra ti no van a poder. Sin más se despide de ti tú moderno favorito.
¡Un abrazo y mil besos!
Juanluz
(Junto a esta carta hay tres hojas con el siguiente relato manuscrito)
BATMAN EN EL CERRO
“Perdona, ¿te puedo preguntar algo?” Eso fue lo primero que nos dijo, desde su Volkswagen escarabajo verde limón abierto, tras bajar unos centímetros el cristal tintado de su puerta lateral. Yo, en ese momento, me quedé alucinado. Más aún cuando al acercarme adiviné lo que antes los cristales tintados habían velado: ¡Coño, eres Batman!
Como yo, nadie de los que estábamos sentados en los banquitos de las Águilas dábamos crédito.
—Es que quiero venir de incógnito —nos dijo mientras que salía del coche.
Todos nos quedamos atónitos al observar sus orejas grises puntiagudas. Sus botas de pico, también grises, pero esta vez más oscuro, y su pecho musculado. «Esto es natural, muchas horas de gimnasio y mucha dieta» nos dijo después en tono de confesión.
—Pues nada —continuó Batman—, que he tenido varios trabajitos por Sevilla capital y la provincia. Porque había pensado que estaba bien salir de mi tierra “yanki”, como le decís vosotros. Así que, con Robin, ¿lo conocéis, verdad?, decidimos venirnos aquí a Andalucía por eso de trabajar y también ir, de vez en cuando, a la playita.
—Qué bien, Batman —le dijo uno de nosotros—. ¿Y qué te ha traído por el Cerro?
—Pues mira, me da corte decirlo, pero es que nos han dicho que por aquí hay una grifa muy buena. También es normal, con lo cerca que está Marruecos, y que yo, en América, cuando llego a mi casa, después de hacer misiones, me gusta fumarme un porrito en el sofá, así tranquilito. Que nos gusta ver documentales y dramas, para desconectar de la ciencia-ficción. El caso, es que allí tenemos algunas plantitas en la casa que nos dan unos cogollitos estupendos. Pero aquí no tenemos nada y en el hotel no quiero llamar la atención. O “dar el cante” como decís por aquí.
—Escucha, Batman, quédate aquí, y nosotros te hacemos el recado. ¿Qué quieres que te traigamos? —se ofreció otro de nosotros.
—Mira —respondió Batman—, es que vamos a estar por aquí un mes y nos gustaría aprender el sitio, para ir directos la próxima vez. Así, que si me podéis llevar…
—¡Vale! ¡Vale! —le respondimos todos—. ¡Sin problemas! Pero una cosa, es que así vestido vas a dar tela el cante. Y la gente no va a saber si vas para consumo propio o de servicio, y los vas a asustar.
—¡Tienes razón! —dijo Batman.
—Mira, Batman —dijo Luis, otro de los que estábamos allí—. Lo suyo sería que te prestáramos, entonces, algo de ropa. Pero tú eres muy grande y nuestra ropa te va a estar chica —dijo Luis mirando al resto de los que estábamos allí.
Batman asentía.
»Que, en un momento dado, te puedo dar ropa del Enrique. Ese es mi hermano y es así muy anchito y muy alto, como tú, y entonces yo creo que te puede venir bien su ropa.
Batman admitió que era una buena idea y juntos fuimos a casa de Luis.
Allí estaba la madre de Luis y Enrique que nos abrió y dijo con sorpresa:
—¿Este de qué cabalgata ha salido?
—Que no mama —dijo Luis—. Que este chaval está trabajando y ese es su uniforme. Pero que se va a venir con nosotros a darse una vuelta. Que vamos a coger ropa del Enrique, a ver si le está bien.
—Claro que sí —respondió la señora mientras nos proponía si queríamos merendar, a lo que le dijimos que no.
Así que subimos al cuarto del Enrique. Allí cogimos una blusa de cuadros y un pantalón vaquero de la 54 que le quedaban súper anchos. Antes se había probado ropa más pequeña —ante la insistencia de Batman— de Luis, pero, como sospechábamos, no le cabía nada. Al final, Batman, consintió ponerse la ropa ancha. Por otra parte, nos llamaron la atención, cuando se quitó el gorro, unas pocas de espinillas que tenía en la cara y sus rasgos aniñados.
—Es que aquí en Sevilla da mucha calor y esta tela me pone mala la piel, me salen muchos granos —le escuchamos cuando se dio cuenta de que mirábamos con atención a su rostro.
—Bueno, ¡dejadme solo que me cambie! —dijo Batman.
—Tranquilo, Batman —le dijimos—. Tómate tu tiempo.
—Lo que sí te voy a decir una cosa —dijo otro—. ¡Sí que se te entiende bien el inglés!
—No qué va —respondió Batman— si lo que hablo es español que aprendí con una novia argentina.
En ese momento, nos reímos todos ante nuestra ignorancia. Salimos del cuarto para que se cambiara. Y allí estuvimos esperando un buen rato hasta que saliera.
—¡Este ha encontrado las revistas guarras de mi hermano! —decía Luis mientras soltaba una carcajada—. ¡Vamos, Batman, que nos coje el toro!
Unos minutos más tarde, salió Batman y nos volvimos a montar en su coche.
—¿Y Robin? —le preguntamos.
—Pues mira —nos contestó— que como hace tanto calor, que se ha quedado en la habitación del hotel... ¡Vamos al lío! —continuó Batman mientras todos nos mirábamos preguntándonos cómo podía hablar con tantos giros andaluces.
Unos minutos más tarde, aparcamos el Wolkswagen escarabajo junto a los bloques de la Vegas, en las 3000. Él insistió en acompañarnos a los bloques a pesar de que le advertimos de que aquello era muy peligroso. Él nos contestó que era Batman, que eso no le podía asustar. Que quién lo iba a atracar.
—Cosas más raras se han visto —le contestó Luis con una sonrisa.
Efectivamente, nada más cruzar el portal, y en el rellano de la primera planta, nos esperaban tres personas con navajas en las manos, sumándose a otros dos que acababan de bloquear la puerta de salida del bloque. Las lamas brillaban en la sombra del local en contraste con los varios flexos que reflejaban luces intermitentes.
Batman no se puso nervioso. Giró sobre sus talones 360 grados. A mí me recordó al Michael Jackson. Comenzó a pasarse el dedo pulgar —como Bruce Lee— por la punta de su nariz. Acto seguido, dio una patada en el aire, consiguiendo una altura de dos metros aproximadamente. Las personas que nos amenazaban se quedaron sorprendidos.
—¡Es Batman! —dijo uno—. ¡Es inconfundible! ¡Guardaros las navajas!
Todos hicieron caso. Días más tarde, nos enteramos de que el que lo había reconocido era el hijo de un antiguo Marine que había servido en Rota muchos años. Que se había tirado a las drogas. «El Rubio», le decían.
De esa forma, se pudo salvar el incidente y se pudo entrar en el 1º B donde Batman compró 10000 pesetas entre polen y hachís.
Al salir del bloque nos despedimos. Le dijimos que se quedara con la ropa de Luis, que no había problemas. Batman se fue agradecido, saludándonos a todos varias veces. Años más tarde, lo vimos en una entrevista hablar de España. De las playas de Conil y de Chipiona. Nos sorprendió verlo llevar un reloj Kasio, en su muñeca derecha, con calculadora, que, según nos dijo después Luis, echó en falta su hermano desde aquel día en el que Batman se cambió en su cuarto.
—¡Qué difícil es ser legal! —nos dijimos todos.
Juanluz – Crónicas del barrio
Al acabar la carta Joe se reclinó en su butaca, levantó las piernas y las apoyó, en alto, en otra silla que había allí. Esbozó una sonrisa y comenzó a silbar una canción.
🤣🤣🤣🤣 Batman pitillero... Que bueno.
ResponderEliminarMe alegra que te haya gustado :)
EliminarY muchas gracias, claro está !
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