Querida Loba (Capítulo IX)
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Querida Loba,
Me decido a escribirte desde esta cama del hospital. Hacía mucho que no escribía una carta y me he dicho que por qué no retomar este hábito con mi compañera del alma. Los días en la cama pasan lentos. Dentro de poco creo que me van a dar el alta. Estarán —como yo— hasta el coño de mí. Lo puedo entender.
Me ha encantado el paquete que me mandaste. Sobre todo las tabletas de chocolate, cómo me conoces. No me queda casi nada, ya sabes lo golosa que soy. Cada día me encuentro mejor. El hinchazón de la mandíbula y de los golpes parece que van remitiendo.
Bueno, te quería contar varias cosas. Lo primero de todo es que sepas que Pedro se pasó por Sevilla a verme —el pobre se encontró con la tienda cerrada—. Que anduvo por el barrio y acabó por allí dando la vara en el bar de Antony. Me alegro mucho por ella, aunque sea un poco pesada me encanta que tenga éxito. Lo mismo un día nos lleva a Hollywood y todo. Cualquiera le dice que no. Por cierto, me llamó el otro día por teléfono, y me dijo que contara con él si quería hacer algo para la reapertura de la tienda.
La verdad es que estoy cogiendo mucha energía. Por lo visto, la historia de la agresión ha tenido eco y, vete a saber cómo, se han enterado de que Pedro va a colaborar en el evento que quiero organizar para la reapertura. (Ahí estoy pensando en qué hacer, a ver si me das ideas). Eso me dijo el chico que me llamó ayer, del suplemento de cultura del Correo de Andalucía. Que dicen que se han enterado de la agresión, de la visita de Pedro y que quieren hacer un reportaje del local y a mí una entrevista. ¿Te imaginas? Así me hacen de paso también promoción de la tienda.
También he recibido varias vistitas de vecinas que no esperaba. Y no te lo pierdas, el cura vino por aquí con Luis, el veterinario. Me tiene toda enamorada, este Don Antonio. Con sus brazos y esa sonrisa medio pícara que me encanta. Ya sabes que me van los amores imposibles, que soy así de dramática, qué le voy a hacer. Cuando entró en la habitación, lo primero que hizo fue acercarse a la cama por mi lado izquierdo. Entonces le cogí la mano —qué fuerte me agarró— cuando se acercó para saludarme, me parecía que me iba a estallar el corazón.
Después se quedó el veterinario solo conmigo hablando un rato. Que al cura le impresionó el rumbo que tomaba la conversación. Luis me impresionó. Nunca sabes qué se esconde detrás de la gente tímida y reservada. Imagino que el pobre ha tenido, y tiene, que llevar muy mal lo de estar escondida. Lo cierto es que me ha propuesto una idea súper loca para retomar el contacto con mis feligresas. Ya te hablaré de esta invención cuando se concrete porque yo también lo veo muy claro y muy viable.
Con el veterinario también hablé de otros temas. De su relación con mi tío Tomás y con mi tía Consuelo. Me contó una historia con la que vas a flipar cuando te la cuente. Ahora comprendo mejor muchas cosas de mi familia. Y de mis tíos. Yo solo tenía imágenes de mi tío Tomás de cuando yo venía con mi abuela al barrio. De visitas fugaces que no duraban más de un día. También de lo poco presente que estaba en nuestras vidas. Mi padre decía que él tenía mucho trabajo siempre y que no podía venir. ¡Ya le vale al viejo lo difícil que se lo puso! Lo mismo que a mí que me fui asfixiadita siendo un chaval.
Me acuerdo de unas navidades cuando más asustada estaba. Quería irme pero tenía mucho miedo. El viejo me dijo sin venir a cuento —lo mismo después de varios aguardientes—, que ya sabía dónde estaba la puerta—. Yo siempre he sido muy chula y he contado por ahí que me fui yo por mi cuenta, que no aguantaba la situación en mi casa. La verdad es que sí, que le eché narices, pero también que yo tampoco lo tenía muy fácil y que el ambiente no era el mejor para que tirara en ese lugar. Que lo mismo solo me adelanté a que él me echara el día menos pensado y me fui yo por mi pie, muy digna yo.
Bueno, Loba. También te tengo que hablar de unas pruebas que me han hecho. Te pido la máxima discreción aunque sé que esto no te lo tengo que pedir. El caso es que con los golpes en la cabeza, durante la agresión, me hicieron varias pruebas. Que tenían que mirar bien. Hace unos días me dieron los resultados y ha surgido algo muy serio. Ya te hablaré de todo con más detalles cuando salga de aquí y sepa mejor el camino que me queda por delante. Ahora prefiero no pensar demasiado, concentrarme en la reapertura y en disfrutar al máximo. No te quiero dejar triste. No te preocupes por mí, porque tengo la moral muy alta, así que pienso seguir dando ruido. Ve pensando en qué podemos hacer para liarla y en si puedes venir a Sevilla para ese día. Yo te pago los vuelos.
De momento no te cuento nada más, querida Loba, se despide de ti tu amiga Joe.
TQ
CAPÍTULO X
"La Loba"...😅
ResponderEliminar😅😅
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